jueves, 4 de octubre de 2007

Ya no existen los gatos negros

Hace unos días, un querido amigo mío me escribió a primera hora de la mañana el siguiente mensaje:

…por mi parte te puedo contar que me pasan cosas sorprendentes, y muy interesantes en mi opinión.
Se me ha aparecido el Espíritu Santo. Ha sido en la negra espesura de la madrugada, a las 7 a.m. En serio. Conducía yo por la M40, y al coger la desviación para la M-607 (carretera de Colmenar), los faros de mi coche han alumbrado una figura blanca en la cuneta. Según me aproximaba he constatado que se trataba de una blanquísima paloma que me miraba muy seria y sin moverse (y sí, estaba viva). No me he parado a preguntarle por su mensaje, pero seguro que quería decirme algo. De hecho, si fuera mujer ya me estaría haciendo la prueba del embarazo, por si a caso. Está claro que era una señal. El Espíritu Santo es el símbolo de la Sabiduría y la Iluminación.
En fin, me mantendré atento.

A lo que yo le respondí:
Buenas,
¡qué te voy a decir yo que parece que veo mensajes en todos los sitios!
Ayer tarde iba hacia la Casa Encendida para ver una proyección de cortos y al llegar resulta que se habían acabado las entradas. Entonces fui hacia Lagrada, una sala de teatro en Ercilla, en la que representa una obra infantil un grupo de teatro del que conozco a algunos miembros. Quería ver si había entradas para este finde (por cierto, no hay entradas pero al menos se ha prorrogado un mes más). Chafada, me encaminé hacia mi estudio, tratando de autocenvencerme de que no pasaba nada, que todo formaba parte de una concatenación de acontecimientos que me llevarían a descubrir algo que aquel día me quería mostrar, y que no iba a encontrar en mis planes originales.
Caminando hacia el estudio tuve una urgencia tremenda de llamar a mi hermana para después sorprenderla con una pregunta, que pasados unos minutos, parecía fuera de lugar: "Elena, Luis, el chico que acudía a tu centro al que queríamos tanto, falleció? y la pobre de mi hermana me dijo alucinada: “Sí cariño, hace bastantes meses..." Me entró una tristeza descomunal, porque cuando esa pregunta se me pasó por la cabeza, tuve un atisbo de esperanza de que lo que medio recordaba, tan sólo lo hubiese soñado alguna vez...pero no, no eran recuerdos de un sueño sino de la realidad pasada.
Entonces recordé una noticia leída el sábado o el domingo, que decía que algunos científicos habían descubierto algo semejante al gen de la tristeza.
¿Tendré demasiados genes de esos dormidos que de vez en cuando organizan una manifestación? ¿Será que últimamente leo demasiado a Paul Auster? ¿O será que no me entero de los mensajes que las cosas que suceden me quieren decir?
¡Imagínate qué cacao mental si antes de todo esto una paloma blanca se hubiera cruzado en mi camino!
Entonces pensaría que ya no existen los gatos negros, sino las palomas blancas.
Que tengas un buen día.

1 comentario:

Reozen dijo...

Me encanta :)).

No hay nada casual, ¿verdad?